En Hollywood, muchos los rostros más reconocidos de las últimas décadas crecieron en familias con patrimonios millonarios.
Rooney Mara y Kate Mara pertenecen a dos de las dinastías deportivas más poderosas de Estados Unidos. Los Mara son dueños de los New York Giants y los Rooney controlan los Pittsburgh Steelers, dos franquicias históricas de la NFL cuyo valor combinado supera los miles de millones. Ese entorno les dio acceso temprano a círculos de influencia, educación de élite y una red que pocos aspirantes pueden igualar.
Armie Hammer nació en el seno de una familia ligada al petróleo, el gas y los negocios químicos. Aunque el actor ha declarado en años recientes haber enfrentado problemas económicos tras los escándalos que marcaron su carrera, su infancia y juventud transcurrieron en un entorno de privilegio extremo.
Julia Louis-Dreyfus es otro caso emblemático. Su padre, Gérard Louis-Dreyfus, dirigió el grupo Louis Dreyfus, un conglomerado global de commodities, energía y transporte marítimo. La actriz, conocida por Seinfeld y Veep, creció con el respaldo de una de las fortunas familiares más sólidas del mundo de los negocios.
En una industria donde la imagen de esfuerzo individual es parte del marketing, recordar el origen de estas estrellas no es un ataque a su talento. Es, simplemente, un dato: algunos llegaron al set con mucho más que un currículum, es decir con una acérrima herencia.